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mujeresFREUD Y LAS MUJERES

En Mayo de 2006 se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de Sigmund Freud, en Freiberg (hoy Checoslovaquia, antigua Moravia),  y el 67 de su muerte a los 83 años. Como breve reseña  ya que no vamos a dedicarle tiempo  ni espacio a su biografía ni a su obra, diremos que fue el tercer hijo de un traficante de lanas judío, 20 años mayor que su madre y el primero de los siete del segundo matrimonio. Su  curiosidad por  encontrar respuestas  a su entorno surgió en el núcleo de su particular familia. La cultura victoriana de la época y su educación judía donde una de las plegarias de todo buen judío era “gracias, OH!  Señor por no haberme creado mujer” influyeron en gran parte en sus teoría y estas por ende afectaron a las mujeres no sólo de su época sino  de generaciones futuras.

Continua la controversia en cuanto a sus teorías las cuales han sido tanto  idolatradas como  rechazadas por distintos autores y seguidores. Se le ha considerado como un farsante aprovechado y mentiroso  en perpetua lucha contra los celos y la envidia y como un genio único y revolucionario. Él  se consideraba tan sólo un explorador de doctrinas y teorías.

Su énfasis en la teoría de la sexualidad estaba fundado y provocado por las  pautas de la sociedad patriarcal y machista en la que se movía y en la cual se intentaba  evitar cualquier tema referente al sexo. Su teoría manifestaba la inferioridad  femenina, predeterminada por la ausencia del órgano genital masculino. Lo que el llamó “envidia del pene”  se hacía patente  a través de la represión de los instintos sexuales, base según él  de  toda neurosis histérica (la histeria sería el resultado de una experiencia traumática basada en un deseo sexual inaceptable).

De su teoría psicoanalítica y de su dogmática afirmación del determinismo sexual que hacía de la mujer un ser inacabado y de las aportaciones de algunas mujeres psicoanalistas, nacen los movimientos  que profundizan en la psicología femenina. El concepto de psicoanálisis de la feminidad y la teoría del desarrollo se convierten en un cimiento para la revolución sexual y lucha por derechos humanos hasta ahora solo inherentes al hombre.

¿Pensaba Freud que las mujeres eran seres inacabados e infantiles como su teoría indica? No nos cabe la  menor  duda, pues  dedicó parte de su vida  a establecer y  perfeccionar su  teoría del desarrollo y a explicar como la mujer sublimaba sus deficiencias fálicas.  Sin embargo, su admiración  por ellas fue también  evidente siendo su primer objeto de amor su madre a la que necesitaba y pedía atención y cuidados continuos. Más adelante, su vida profesional se llena  de mujeres, no sólo como pacientes en su sofá psicoanalítico sino como amigas y consejeras. Freud entendía a sus mujeres pacientes y compartía conocimientos con sus amigas, sin embargo, y para su infelicidad, no pudo comprender a la mujer más importante de su vida,  su mujer Martha. Con ella se caso a los 26 años después de cuatro años de una relación pasional a través de cartas en las que  en ocasiones le confesaba su inhabilidad de aceptarla como era y su resistencia a pedirle que cambiase por pensar que no tenía derecho a exigir un cambio. Más adelante llega a la conclusión que las mujeres no son dadas a los cambios y que existen para servir y satisfacer las necesidades del hombre. Su mujer decide callar y reprimir su frustración e indefensión social, perdiendo el interés pasional que habían mantenido por carta (nota al pie de página).

Son muchas las mujeres que podríamos nombrar en la larga lista de sus pacientes, siendo Anna O la primera de ellas y a la primera a quien  Freud diagnosticó una neurosis histérica, seguida por su esposa Martha y cuñada Minna y sus pacientes Emma, Lucy, Elizabeth,  Dora, Katharine, María Bonaparte (que más tarde llegó a ser una gran psicoanalista), y otras, sin el apoyo de las cuales no podría haber formulado sus teorías. A todas trató de ayudar a encontrar una salida para sus neurosis haciéndoles conscientes de la necesidad de dedicarse más a ellas mismas.  Su admiración por las mujeres se mostraba  evidente al dedicarles tiempo y respeto, escuchándolas e intentando ayudarlas a tener una vida más satisfactoria. Una contradicción más en su vida fue su hija Ana por quien sentía respeto y admiración y  a quien sin embargo no permitió estudiar medicina por ser mujer.

Resulta difícil  comprender el porqué aconsejaba y prescribía a las mujeres   que se dieran  a si mismas y sin embargo mantenía que la mujer estaba predestinada biológicamente a servir al hombre sin el cual, decía él, no  podría vivir (atribuía la ansiedad sufrida por las mujeres como la manifestación del miedo a perder al hombre).

Se oponía a la emancipación de la mujer aduciendo que sus códigos morales eran  de valor inferior a los de los hombres y que  estaban  dominadas por sus funciones reproductivas. Freud escribe que “la mujer se opone al cambio y que recibe pasivamente sin añadir nada” y en su teoría de la sexualidad establece que  “el hombre es anatómicamente superior por lo  que la mujer siente envidia del pene del hombre realizándose solo al tener un hijo varón”.  Con ello niega que la mujer pueda cambiar sus códigos morales, los cuales siempre permanecerán inferiores a los del hombre y  afirma que su finalidad en la vida es la  función reproductiva sin la cual no podría  tener el hijo varón con el cual sublimar su carencia fálica.

La cultura victoriana de la época y su educación y cultura contribuyeron a que Freud considerase a la mujer  como un elemento inferior de la especie. Las veía como muñecas que existían  sólo en virtud del amor masculino, para querer y servir al hombre y que  se interesaban menos que el hombre en la sociedad, siendo  su capacidad de sublimación  menor. Si la sociedad de su tiempo  negaba educación e independencia a la mujer y les prevenía de alcanzar sus potencialidades  y los intereses e ideales que les hubiera permitido alcanzar su madurez.  ¿Por qué pues se rodea Freud  de mujeres?

Su actitud hacia la mujer se puede catalogar de rancia y pasada de moda. Sólo la ve en términos de su relación con el hombre y en todas ellas observa problemas sexuales  causados por represión sexual y por bloqueo del crecimiento  emocional de un YO incompleto e inmaduro biológicamente mermado. Esta determinación biológica auguraba a la mujer  una insatisfacción constante y  una frustración basada en la certidumbre de no poder igualarse con el hombre,  ya que ni siquiera  un hijo varón le devolvería el pene con el cual no nació.  La teoría de Freud aunque proclamase la revolución y libertad sexual  limitó claramente  el avance de las mujeres de aquella época.

 Desafortunadamente estas teorías fueron compartidas por muchos de sus seguidores entre ellos Lacan quien pensaba claramente que la mujer no adquiría los mismos valores morales que el hombre. Su teoría de la castración defiende la envidia del pene freudiano aunque está  basada  más en etapas de adquisición del lenguaje y proceso. Lacan justifica el odio que sienten  las hijas por las madres y dice que éstas las “arrojan a un  mundo con herramientas deficientes  para socializarse como los hombres”. Alude a  las diferencias anatómicas que hacen que el varón adquiera los privilegios fálicos.

La teoría moral de Kohlberg afecta de una manera muy profunda  a las mujeres del siglo XX. Kohlberg, basándose  en Freud,  teoriza que las mujeres se bloquean a niveles de desarrollo moral inferiores por su rigidez mental y por la manera tan inmadura de resolver sus problemas.

Sin embargo, otros seguidores como Adler y Horney  piensan que la identidad de género  y la conducta  y orientación sexual es el resultado de las experiencias y no de la biología. Horney dice que  la falta de pene o “la envidia de pene” freudiana no condiciona a las mujeres a sentirse inferiores sino que es la sociedad la que lo hace por su tenacidad en  empoderar al hombre y limitar a la mujer. Estima que la inferioridad de la mujer le viene por la subordinación social y no por la castración fálica por lo que en el momento que la mujer se considere igual al hombre, la sociedad dejara de ejercer poder alguno sobre ella.

En contra de la opinión de Freud que dice que  la mujer nace con una predisposición a la neurosis por su sentido de “discapacidad” originada por la falta de pene,  Adler dice que  el hombre y la mujer son iguales y nacen con la misma indefensión y que el patriarcalismo suprime los intentos de la mujer de sobreponerse a la indefensión infantil. La identidad de género  y la conducta que el género origina, aduce,  eran la consecuencia de las experiencias tanto para  los hombres como para las mujeres y que si las mujeres padecían neurosis histéricas éstas no se debían a deficiencias de género  sino a la oposición de la  sociedad patriarcal a que  superasen  sus instintos infantiles.

La  teoría freudiana  ayudó y sigue ayudando  a muchas mujeres y hombres y nuestra cultura se ha visto enriquecida por ello. Freud siempre necesitó a las mujeres, las ensalzó y las trató, las entendió y comprendió y sin embargo las limitó con su teoría. No obstante, empujó a la mujer a liberarse sexualmente  para evitar las histerias neuróticas producidas por “la envidia del pene” y la represión sexual.

No podemos negar que aunque su teoría pudo paralizar en cierta manera la evolución de la mujer del siglo XIX también participó al fortalecimiento del feminismo el cual criticó el énfasis freudiano  del falocentrismo y el descuido de la  sexualidad femenina. Aunque su teoría  ha dado mucho que hablar por considerar a  la mujer inferior al hombre, le tenemos que agradecer el impulso que dio a los movimientos feministas donde lo femenino deja de estar condenado a ser conceptualizado como una sustitución de una masculinidad previa.

Teorías que provocan indignación y controversia por mucho que nos solivianten y que nos hagan discutir son también responsables por elevar el proceso mental a niveles de pensamiento superior y, en su afán de esclarecimiento, a un cambio en la sociedad. Así la teoría freudiana nos llevo a la solidificación de los movimientos reivindicadores de la  igualdad entre los sexos y de  la emancipación sexual, espiritual e  intelectual de la mujer.

Movimientos posteriores se preocuparon de la autonomía, derechos, libertades, independencia, tolerancia, cooperación y diversidad de la mujer en la sociedad intentando  dejar de ser injusta con las mujeres y rechazando la relación, antes predeterminada, entre la biología y la condición social y humana.

Nota: Después de conocer a Martha (1882) estuvieron separados 4 años manteniendo la relación a través de 900 cartas pasionales. La pasión desaparece al casarse. El sabe que Martha no se siente cómoda , que tiene un carácter poco dócil y difícil de ser moldeado. La quiere hacer a imagen y semejanza suya pero no puede y al mismo tiempo escribe:”al ser amado no se le puede convertir en un muñeco sino en una compañera” “pero si no hay nada que cambiar, la relación se vuelve aburrida”. Martha se dedica a él y a sus hijos pero siempre callada con sus sueños de compartir su vida con un igual quebrados.

Odette Terol Levy

 

Categories: Blog Integra News, Forense

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